domingo, 7 de noviembre de 2010

Un día Gris (Versión Fantasy)


Había amanecido el día con un cielo de color plomizo que no auguraba nada bueno. Yo hacia un buen rato que me había levantado sin hacer ruido para no despertar a mi mujer ni a mis hijos, desayunado un poco de leche y después de oír como mi mujer se levantaba de la cama, me había lavado y puesto el uniforme. Le di un beso de buenos días y antes de salir de casa cogí mi espada del armario.
Al salir a la calle me di cuenta que el compañero que debía recogerme llegaba tarde, pero eso no me sorprendió, todos los días pasaba lo mismo, así que me dispuse a esperar. No tardó mucho. Subimos a su carro y emprendimos camino.
Cuando llegamos el guardia de la primera puerta nos dejo pasar, puesto que ya hacía tiempo que nos conocía, al igual que el de la segunda. Este último tenía cara de haberse echado un sueñecito y que lo hubieran despertado en lo mejor del mismo, pero es lo que pasa cuanto te toca guardia de noche, como yo sabía muy bien. Me había tocado ese servicio tantas veces a lo largo de los últimos cinco años, o ¿eran seis?, no sé, ni me acuerdo ni me importa, de lo que si me acuerdo es que por suerte o por desgracia ya hacia un año que habían decidido “degradarme” y ponerme a cargo de otras tareas que no llevan vigilancia, por lo que no tenía que hacer noches.
Bueno, creo que no he comentado que trabajo en la prisión de la ciudad, que se llama así aunque este apartada de la misma casi dos horas de camino. Antes de mi degradación era un guardia vigilante, la élite de los guardias, ahora solo soy un simple guardia, encargado de la comida de los prisioneros.
En la tercera puerta me separe de mi compañero de viaje, el era solo un simple guardia encargado del mantenimiento básico, y me dirigí escaleras arriba hasta el cuartucho que utilizábamos como oficina. Estaba tan escondido que antes de unirme a este grupo ni siquiera sabía que tenían una oficina y por supuesto donde estaba. En la antesala me encontré con dos de mis otros compañeros de oficina. Thornas era un guardia más veterano que yo, que había solicitado ese puesto después de muchos años como guardia vigilante y Reoban un novato gordinflón recién llegado que nos habían impuesto desde las altas esferas. Al principio nos cayó mal, pensábamos que nos obligaban a hacer de canguro del hijo de uno de los nobles de la ciudad, pero enseguida demostró que era un compañero digno de confianza total, un gran trabajador y una persona honesta, todo lo contrario que la cuarta integrante base de nuestra oficina.
Me senté junto a ellos mientras me servía un brebaje que en teoría sabia igual que el café y que nos había preparado un criado y pregunté si hoy tampoco venia Vhea, lo que provoco esta respuesta por parte de mis dos compañeros al unísono -No, pero mejor que no venga- Llevaba más de 6 meses sin venir, pero no pasaba nada, porque todos sabíamos que era la amante del mejor amigo del alcaide. Y mejor que no viniera, porque cuando venia nuestro trabajo se multiplicaba por tres o cuatro, porque además de el trabajo en si había que cuidar de la muchacha y deshacer los entuertos en los que nos metían sus caprichitos.
Mientras acabábamos nuestra taza llegaron Antonina y Gabrielle. Ambas eran hermanas gemelas de edad avanzada que pertenecían al cuerpo burocrático y tenían un despachito al lado nuestro. Se sentaron a nuestro lado y tomamos más ¿café? Mientras esperábamos a Sir Aldred, nuestro capitán.
Una vez llegó Sir Aldred pasamos a repartir el trabajo del día y repasar los detalles del mismo. Hoy me tocaba a mí revisar los carros de suministros, mientras que Reoban se encargaría de darles a los cocineros la comida que tenían que preparar y Thornas iría a las galerías de los nobles por si requerían algún servicio especial. Puede parecer una contradicción que en una prisión hubiera “galería de los nobles” pero se entenderá mejor si añado que en ella se encontraban los hijos de los nobles locales que habían causado algún alboroto y algún noble capturado en las revueltas del norte esperando a que su familia pagara el rescate por su liberación.
Ya repartido el trabajo cada uno nos fuimos a nuestras tareas, por lo que me acerque hasta la primera puerta y me dispuse a esperar. No pasó mucho tiempo hasta que llegó el verdulero local. Me subí al carro y lo acompañe hasta el sitio donde se descargaba la mercancía. Hacía bastante tiempo que lo conocía y sabía que no me iba a causar problemas. Una vez en el patio, cogí a uno de los presos de mi confianza para que descargara el carro. Pronto varias cestas de acelgas, nabos, patatas, cebollas y zanahorias de no muy buen aspecto, pero por el precio que pagábamos por ella no podio aspirar a genero de mejor calidad, estabas amontonados a un lado del patio. Acompañe al verdulero a nuestra “oficina” y Sir Aldred le pagó por la mercancía.
Ya en la primera puerta me despedí del mismo y otra vez a esperar. Esta vez el que llegó fue el carnicero y repetimos la misma operación. Al patio, y cajas de pollos e incluso un par de cerdos cambiaron de manos. Al menos era carne fresca.
De vuelta a la oficina y a la primera puerta. Esta vez no tenía que esperar a nadie más, así que opte por entrar a ayudar a mis compañeros. Pasada la tercera puerta vi a la Sargento Chantal correr hacia una de las galerías más apartadas, la de los presos más peligrosos, asesinos, violadores y gentuza de similar calaña a la espera de pasar por el hacha del verdugo. Me sorprendió ver correr a la Sargento, puesto que ya contaba con cierta edad y no solía salir de su despacho, pero como no me dijo nada seguí hacia mi destino. Algo pasaba, aunque ahora yo solamente era un “simple guardia” y no un guardia vigilante mi instinto me advertía. Reoban estaba acabando con lo suyo, por lo que me dispuse a ir en busca de Thornas y echarle una mano si le hacía falta. Al pasar cerca de la segunda galería vi pasar más guardias vigilantes corriendo, pare a uno y le pregunte qué pasaba. -Han atacado al Capitán de la guardia y se ha escapado uno de la galería de espera, no me entretengas-
Sonreí para mí por varias razones. La primera por el nombre galería de espera, o sea donde estas esperando a que te decapiten. La segunda por el hecho de que hubieran atacado al capitán de la guardia. El que tocaba hoy era un viejales con muy mala leche, así que pobre del atontado que lo hubiera hecho. La “espera” para él iba a ser bastante dolorosa.
Una vez entré en la galería de los nobles me sorprendió no ver a Thornas por allí. Le pregunte al guardia vigilante y me dijo que no había salido, lo cual me preocupó. Jaleo en la galería de espera, un tipejo que se ha escapado y un compañero que no está donde debería estar. Como medio segundo después de preocuparme me vino a la cabeza la puerta trasera de la galería de nobles. Era una puerta camuflada de la que solo los más antiguos del lugar conocían su existencia y situación. De hecho todas las galerías tenían esa puerta trasera, y yo lo sabía porque sir Aldred nos lo había contado “por si acaso…”. 
Me dirigí a ella, y tras comprobar que no había nadie cerca que pudiera descubrir la puerta entré. El problema de estas puertas traseras era que solo se podían abrir desde la galería y una vez dentro de ellas no podías volver atrás, solo deambular por el laberinto de pasillos hasta encontrar, y no era nada fácil el pozo de salida. Una vez dentro me di cuenta que la puerta no había estado cerrada como debiera, pero ya era demasiado tarde. Había cerrado a mis espaldas. 
Solo había pasado por esos pasadizos dos veces, y no estaba seguro si podía confiar en mi memoria para recorrerlos y para más inri nadie sabía que yo estaba allí. Bueno, pues a caminar se ha dicho. Empecé a caminar despacio intentando recordar la ruta correcta, pero al poco me di cuenta de que me había equivocado. Estaba seguro de que ninguna de las otras dos veces que había recorrido esos túneles había pasado por esa cámara. 
Y, ¿Qué diablos era ese bulto que había tirado en el suelo? Thornas. Por suerte no estaba muerto, solo inconsciente, con un feo golpe en la cabeza. Mientras intentaba incorporarlo, como pesaba el condenado, y eso que es bajito, un grito salvaje y un ruido de unos pies corriendo me golpearon los oídos. Levanté la cabeza a tiempo de ver como un tipo gordo se abalanzaba sobre mí con una cachiporra. Por mi cabeza pasaron dos cosas al mismo tiempo, lo que casi resulto fatídico para mí. Una fue, "ya sé porque está Thornas inconsciente" y la otra "inconsciente, apártate de su camino". 
Si no llega a ser por la segunda idea me deja seco en el sitio, pero conseguí apartarme lo suficiente para que la cachiporra solo me rozara levemente. Reculando a trompicones conseguí desenvainar mi espada y tras parar como pude otro golpe de la cachiporra le atravesé el vientre a mi contrincante con una estocada bien dirigida. El tiparraco cayó al suelo agarrándose las entrañas, lo que aproveche para cortarle el cuello y rematarlo. 
En ese momento me flaquearon las fuerzas, posiblemente el golpe de la cachiporra no había sido tan leve. Un momento de respiro para recuperarme y me toque la parte de la cabeza donde me había golpeado. Efectivamente me iba a salir un buen chichón. Al no encontrarme con fuerzas suficientes para cargar con mi compañero lo puse encima de mi capa y lo tape con la suya para que no cogiera frio mientras buscaba ayuda. Ahí me di cuenta que faltaba su espada. Mire por la sala y no la vi. Miré el cadáver y tampoco la llevaba. Poco a poco un lucecita empezó a brillar en mi cerebro, Si Thornas no tenía su espada y el cadáver tampoco, ¿Donde estaba? Y ¿Cómo es posible que Thornas hubiera recibido un golpe de alguien tan torpe como el tío al que acababa de liquidar, si era mucho mejor espadachín que yo? Y ¿por qué demonios lo había rematado antes de hacerle unas cuantas preguntillas?
Como ya no tenía remedio, intenté encontrar el camino de salida memorizando los recodos que tomaba para poder regresar con ayuda para Thornas.
Al girar un recodo vi que una sombra tapaba el camino. Todo mi ser se puso en guardia al ver una imponente figura. Al instante se giró y me miró. Con una sonrisa de oreja a oreja me dijo:
-Vaya, vaya, que tenemos aquí. Otro que se cree guardia. ¿Tú también vas a intentar convencerme para que vuelva al redil?
Esta vez sí que pensé que el misterio estaba resuelto, sobre todo cuando a resultas de sus palabras el anillo que llevaba en mi dedo empezó a brillar anulando el encantamiento que el ser había lanzado contra mí. Gracias al legado de mi familia, lo único que había heredado de mi abuelo, no había quedado paralizado por el hechizo, ya sabía porque Thornas cayó tan fácilmente, y cargue contra mi oponente.
Este ensanchó más la sonrisa, si eso era posible, y a una velocidad inimaginable desenvainó la espada de Thornas diciendo –bueno lo haremos por el método fácil, pero no te va a gustar, y paró mi estocada de la forma más simple posible.
Mi mente me advirtió de que iba a tener muchos problemas si el tío era tan rápido como parecía, así que me concentré en intentar parar cada uno de sus ataques, cosa harto difícil, puesto que el asesino, ahora ya lo había reconocido, era muy, pero que muy hábil con la espada. Tras un breve intercambio de golpes, arriba, abajo, otra vez arriba ya había comprendido que no tenía ninguna posibilidad, de hecho solo atacaba él y yo me limitaba a defenderme como podía. Solo era cuestión de tiempo que evitara una de mis paradas y seria guardia muerto, cuando un dolor en mi brazo izquierdo y noté un liquido viscoso resbalado hasta mi muñeca. No me paré a ver que era, pero estaba convencido que me había dado y estaba sangrando. Bueno, bueno, bueno, las cosas iban de mal en peor, pero mi contrincante en ese momento se separo dándome un momento de respiro.
-¿Qué seguimos?- me dijo con sorna. Y volvió al ataque rapidísimamente, haciéndome recular para no acabar como pincho de guardia ensartado en una espada que no era la suya. Seguí reculando hacia no sabía dónde, mientras trataba desesperadamente de bloquear todos sus ataques y notaba como iba perdiendo fuerzas rápidamente, el golpe en la cabeza me había afectado más de lo que suponía. En una de esas resbale, lo que fue una suerte porque su espada paso rozándome el chichón que me había hecho la cachiporra. Más sangre, y esta vez me caía por la cara. Esto se ponía feo de verdad, solo faltaba la estocada definitiva, pero esta no llegó, pues en ese momento el maldito se volvió para evitar una espada. Me limpié la sangre de la cara y estupefacto vi como Reoban se había unido a la lucha. –venga ¿es que tengo que hacer yo todo el trabajo mientras tú te quedas mirando?- me dijo para levantar mi ánimo.
Gracia a Reoban estaba vivo, pero el pobre chaval no tenía apenas experiencia en la lucha, así que volví a la carga, justo antes de que una mala parada de Reoban hiciera que la espada del matón le alcanzara la pierna. Por suerte no cayó y entre los dos hicimos retroceder al asesino, siendo alcanzados superficialmente varias veces.
Como pasamos de hacerle retroceder a retroceder nosotros no lo sé, supongo que fue el cansancio la pérdida de fuerzas debido a los diferentes rasguños y heridas un poco más serias aunque no letales que nos estaba infligiendo, pero la cosa es que estábamos retrocediendo.
Un fuerte empujón nos tiro a ambos contra la pared y una mole enorme se puso entre nosotros y nuestro contrincante. Más problemas fue la frase que me vino a la mente, pero al momento reconocí a Sir Aldred. El signo del combate empezó a variar poco a poco y cuando el asesino se volvió para emprender la huida se encontró con una lanza apuntándole al pecho y varias más detrás.
Unas palabras mágicas sonaron por detrás de mí, y aunque el asesino hizo tremendos esfuerzos para resistirse al hechizo, no consiguió liberarse del mismo y cayó inconsciente al suelo, siendo atado y amordazado por los guardias que al final nos habían encontrado.
En ese preciso momento mi agotado cuerpo decidió que tres golpes en la cabeza, el de la cachiporra, el corte de la espada y el resultado del empujón de Sir Aldred contra la pared eran demasiados para el mismo día y me desmayé.
Desperté en la enfermería con todos los cortes y magulladuras vendadas. En el camastro de al lado estaba Reoban en el mismo estado que yo, y junto a nosotros Thornas, ya despierto y con un vendaje en la cabeza que no se lo saltaba un caballo.
Apareció el enorme corpachón de Sir Aldred, con una sonrisa amigable y nos dijo.
-Bueno, por hoy ya está bien. Mañana más, y si puede ser menos.

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